Casi nunca me paro a leer un fanfic, pero este me ha llamado bastante la atención. Y espero que a vosotros también. Por eso os lo estoy traduciendo.
Sólo os advierto que lo publicaré en capítulos, ya que es bastante largo. Y que aquí, en contra de la mayoría (que yo conozca) hay mucha comedia y poco romance. O sea que no os preocupéis, no detallará un polvo entre Gintoki y Hijikata, ni nada. (Para eso, seguid buscando)
Los 16 No Tienen Nada De BonitoNothing Sweet About Sixteen. Escrito por RenjiLuvah. Traducido al castellano por Titanio Verde. Versión original en Fanfiction.“Mañana.”
“¿Sí?”
“¿Sabes qué día es mañana?”
“¿Qué pasa con eso?”
“Cumplo 16.”
“Felicidades. Te convertirás en una mujer. Quizás sea el momento para dejar de dormir en mi armario y de tirar tus sujetadores por el salón.”
“Seré una niña hasta que cumpla los 20.”
“¿Quién lo dice?”
“Lo dice este país. Hasta tienen un festivo o algo así para esto. Err- ¿Cómo se llama?”
“Ah. Nuestro país miente.”
El permanentado yacía perezoso en su polvoriento sofá, sus piernas estaban dobladas con la última Shônen Jump en las manos, como de costumbre. Por la expresión impasible y la estaticidad satírica de su voz, la chica sabía que debía esforzarse más para llamar su atención. Tras varios intentos, mandó a Sadaharu a que le mordiese. Quizás las fauces de Sadaharu en su cabeza le hicieron entrar en razón.
“Gin-chan...”
“¿Sí?”
“¿No se supone que debo llevar uno de esos vestidos cursis de rosa y celebrar una gran fiesta con velas y una tarta, y pequeñas sirvientas?”
“Eso es en Occidente.”
“¿Por qué no podemos hacerlo aquí?”
“Porque no somos Occidente. Somos Oriente, ¿recuerdas?”
“Se supone que los dieciséis son especiales, gilipollas. ¿Me escuchas?”
“No tienen nada de bonito, capulla. Pregúntale a Shinpachi. Él te lo contará. Tiene dieciséis.”
“¡Tuve dieciséis hace dos años, tontaina!” Shinpachi entró en escena, aporreando las tazas de té en la mesa a su lado. Kagura aguantaba su barbilla con sus palmas, buscando apoyo en el chaval.
“Shinpachi, ¿en este planeta los dieciséis años no son especiales?”
“Nop.”
“¿Por qué no?”
“Porque los míos no lo fueron.”
Kagura le dio una patada a la pata de la mesa, haciendo que las tazas de té hirviendo se derramaran sobre la madera. Mientras la mandíbula de Shinpachi mostraba ira, Kagura le asestó un furioso puñetazo antes de que pudiera maldecirla.
“¿Qué clase de respuesta es esa? Sólo porque estés solo, y lo más cerca que has estado de convertirte en un hombre haya sido llevarte esa revista al baño y menearte la-”
“¡Kagura!”
“¡Gin-chan, ¿cómo sabe ella de estas co-”
“Yo qué sé. Kagura, ¿cómo sabes de esas guarradas?” Finalmente Gintoki arrojó su Jump para sentarse bien y mirar a la chica con cabeza de melocotón enfrente suya.
“Tele.”
“Te dije que dejases de ver esa mierda.”
“Tú deberías dejar de leer Jump.”
“¡De eso nada! Antes moriría.”
“Bueno, pues podrías. Así vendería tus cosas por sukonbu.”
“Te perseguiré desde mi tumba, Kagura.”
Aún recuperándose del último golpe de Kagura, Shinpachi protesta. “Deja de actuar como si ya hubieras tenido novio. ¡No eres diferente de mí!”
“Lo soy. Tuve un novio.”
“¿Qué? ¿Cómo? Si aún eres vir-”
“Los tíos del parque que huyen de ti y te dan golosinas a cambio de sus vidas no cuentan, Kagura.” Gintoki bromea, pero Kagura le ignora con los brazos cruzados.
No. No pudo tenerlo. ¿Verdad?“...”
“...”
Mientras Kagura se regocijaba lisiándoles inesperadamente, Shinpachi chillaba.
“¡Gin-chan! ¡Ha dicho que ha cometido adulterio-”
“Cierra el pico, Shinpachi. Kagura es una mentirosa.”
“Gin-chan, ¿qué es comida adulterada?” Preguntó inocentemente.
“¿Lo ves?” [N. T.: Originalmente Kagura confunde “adulterated” con “adulterer-rated” (sólo para adultos/adúlteros)]
“Quiero decir, si no es algo como lo que Fabio me hizo en aquél callejón por la noche, donde él me decía “fuu” y yo le decía “Hey, hola-”
“¡Kagura! ¡Corta el puto rollo!” Gintoki le echaba la bronca antes de que Shinpachi se fuera a desmayar.
“¡Corta tú el puto rollo! Al menos si te mueres, podré comprarme sukonbu y celebrar mi propio cumpleaños.”
“Así es la vida. Asúmelo. Si la vida te da limones, hazte un parfait. ¿Vale?”
“Es limonada, Gin-chan. Limonada.” Corrigió Shinpachi, colocándose las gafas sobre su nariz.
“Lo que sea.”
“Mejor me voy a preguntar a ane-go, porque vosotros dáis asco.”
“Hum... Si fuera tú, yo no le preguntaría a ane-ue sobre su décimosexto cumpleaños.”
“¿Por qué no?”
“No lo sé, pero algo le entra. Su humor cambia radicalmente, sus mejillas se enrojecen por completo, y cambia de tema mientras se encierra en la cocina para preparar un banquete con huevos.”
La habitación se volvió silenciosa, mientras compartían una mirada dolorosa al mencionar los huevos de Otae-san.
“Es igual, me voy. No me busquéis si no vuelvo.”
“Ni lo pensaríamos.”
“¡Que os calléis, joder! Vamos, Sadaharu, tú eres el único que me quiere.”
Kagura pisoteó los escalones del Yorozuya, mirando de reojo a la señora feudal y a la gata ladrona. Ella no estaba de humor para hablar con ellas. Abrió su parasol sobre su cabeza y caminaba junto a su monstruoso perro, y miraba decepcionada al suelo. No sabía del todo por qué estaba tan enfadada. Ella debía esperarse cualquier cosa de esos dos idiotas, y no es que hubieran celebrado su cumpleaños anterior.
Aún así, eran dieciséis...
Al llegar al dojo de Otae, Kagura se detuvo en la sombra de un árbol de las cercanías para observar algo sospechoso.
Era el gorila. Sentado sobre la copa del árbol, hacía lo posible por sujetar sus prismáticos. Sabiendo lo que le deparaba el destino, Kagura pensó que debía hacerle una advertencia.
“¡Oi, Gorila-san! Si yo fuera tú, me bajaría-”
Antes de que pudiera terminar, dos flechas disparadas por encima de la valla rompieron las lentes de los prismáticos de Kondo. Esto le sobrecogió y le hizo caer, chocando dolorosamente con cada rama.
“¡Otae-san! ¡Oh-ayyyy!” Gritaba antes de aterrizar en el suelo. Su expresión se inundó en lágrimas mientras sus manos cubrían su entrepierna, que hizo un desafortunado contacto con una de las ramas.
Kagura se encogió de hombros.
“Intenté avisarte.”
Otae emergió de la entrada, blandiendo viciosamente un arma en la mano. “¡Puto Gorila! ¡Te he dicho que- ¡Oh, si es Kagura-chan! ¿Qué te trae por aquí? Pasa.”
Las dos mujeres escucharon un último gemido del pobre herido antes de cerrar la puerta. Otae murmuraba, “Tiene suerte de que el satélite acosador está siendo reparado de su desgaste. Sino yo le-”
“Ane-go, tengo una pregunta.”
El tono asesino de la morena se endulzó instantáneamente. “¿Oh? ¿Es algún asunto femenino en el cual sólo yo puedo ayudarte?”
“Pretendiendo no provocar la ira de Otae, Kagura le siguió la corriente. “Algo así. Ane-go, ¿cómo ha sido tu decimosexto cumpleaños?”
La mujer se detuvo, y de repente apretó sus dedos contra el pecho, como si le costara respirar. Viendo cómo su pálida piel se volvía roja, como dijo Shinpachi, Kagura agitaba las manos delante de ella desesperadamente.
“Bueno, si no quieres hablar de ello, no pasa nada. Me da igual.”
Riéndose de lo que Kagura pensaba que era una forma antinatural y un insulto para las mujeres de cualquier sitio, Otae declaró de repente. “¿Sabes qué? Tengo ganas de cocinar. Quiero cocinar algo gordo. Tienes hambre, ¿verdad, Kagura?”
“Bueno-”
“¿Bien, Kagura-chan?” Medio cantaba, medio amenazaba cuando la chica no respondía directamente. “¿Qué tal algo con huevos?”
¡No! ¡Cualquier cosa menos eso!“¡Oi! ¡Sadaharu!” Kagura forzaba una carcajada mientras se daba la vuelta lentamente hasta la salida. “La verdad es que acabo de recordar que tengo que darle de comer a Sadaharu antes de que empiece a comer personas. Tal vez para la próxima, ¿sí?”
“¡Kagura-chan! ¡Oye!”
Kagura se tapó las orejas mientras escapaba hacia fuera. Jadeando fuertemente y aguantándose en sus rodillas, se giró para ver que el gorila seguía en el mismo sitio, aunque había recuperado la compostura, dándole una mirada extraña mientras se inclinaba hacia el árbol de donde se cayó.
“Dieciséis, ¿eh?”
“¿Cómo lo sabes?”
“¿Por qué? Mi instinto, pequeña. Lo sé porque soy un hombre que ha pasado por las alegrías y pesares de una juventud floreciente.”
“¡A la mierda el instinto, mirón! ¡Y no lo llames juventud floreciente! ¡Suena fatal!”
“¡Pero es así! Ah, recuerdo aquellos días en los que mis hormonas-”
“¡Calla y muérete! ¡No quiero escucharlo!”
“Y bebíamos sake toda la noche-”
“¡Sadaharu!”
El enorme perro le obedeció, mordiendo la cabeza de aquél charlatán con su enorme y húmeda boca. Ignorando sus gritos de socorro, Kagura le dejó allí. “Cómetelo, Sadaharu. No te dejes los huesos.”
Fue entonces cuando tropezó con una masa inesperada, mordiéndose el labio inferior.
“¡¿Qué coj- Oh, eres tú...”
Rascándose sus cabellos pajizos, Okita Sougo le miraba con la misma mueca de disgusto.
“Por esto no quería buscar al comandante durante mi pausa para el almuerzo. Todavía no he comido, y ahora que he visto tu cara, no puedo.”
“Muérdeme.”
“No, gracias.”
“Muere.”
“No hasta que mate- quiero decir, hasta que Hijikata se muera por causas naturales y misteriosas.”
“Si Sadaharu no se estuviera divirtiendo con tu comandante, le mandaría comerte a ti. Pero claro, no sé dónde te habrás metido.”
“¿Podrías ordenar a esa criatura que suelte a Kondo-san? Quiero decir, no es que me importe, pero él paga mi salario, ¿sabes? Y sobre dónde he estado- sólo en lugares dónde tú querrías estar, pero nunca conocerás.”
“¿Qué coño quiere decir eso? ¡Y Sadaharu no es una criatura! Es un perro precioso, tierno, divertido y encantador. Sólo pasa que tiene los huesos grandes.”
“Lo entenderás cuando seas mayor. Oi, creo que Kondo está muerto. ¿Kondo-san? ¿Sigue respirando?” Okita llamaba al hombre que todavia estaba siendo masticado por la salvaje mascota de la chica. Kondo levantó temblorosamente el pulgar, en señal de que, efectivamente, seguía vivo.
Cuando volvió la mirada a Kagura, para sorpresa de Sougo, encontró a la chica con ojos llorosos y las mejillas agitadas. Girando sus ojos con un suspiro, Sougo le pregunta “¿Qué sucede, pequeña? ¿No me irás a decir ahora que tienes un corazón delicado?”
Kagura sollozó. “Para-¡Para tu información, me estoy volviendo mayor! ¡Mañana! ¡Pero a nadie le importa!”
Fue entonces cuando huyó, dejando al perro con un sangriento Kondo y un sorprendido Okita. Tratando de huir del terror canino, Kondo deposita una mano en el hombro de Sougo.
“Oye, ¿quién te ha enseñado a hablar con las mujeres? Porque no se te da bien.”
Le da un vistazo rápido a Kondo. “Me las apaño. Pero ¿cuál es su problema?”
“Ah, las alegrías y penurias de una chica que acaba de entrar en los dieciséis años. Apuesto a que son sus hormonas, o algún drama con los chicos del parque, o su juventud floreciente.”
“No te refieras a la adolescencia como algo remotamente relacionado con las flores. Haces que suene absurdo.”
Kondo se rió mientras apartaba la mano. “Curioso. Ella ha dicho algo parecido.”
“...”
Sougo no sabía muy bien qué responderle, pero le irritaba tener algo en común con la chica Yato. Sacudiendo su molestia, siguió silencioso al comandante hasta el cuartel.
Dieciséis, ¿eh? ¿Así que las chicas monstruo también tienen cumpleaños?
Kagura caminaba por las oscuras calles de Edo, sujetando tristemente su parasol y sin prestarle atención a quien se tropezara con ella... incluyendo pequeños vehículos como bicicletas, triciclos y carros. Ignorando a los transeúntes que le maldecían con los puños levantados y lanzando escupitajos, era obvio que la chica se encontraba en un humor decaído, pues sino les hubiera llenado de agujeros. Sadaharu debía estarse divirtiendo con Gorila-san, ya que no le perseguía cuando ella huyó. Pensó que habrá olfateado el camino a casa ya que la hora de comer es mucho más importante que acompañarla mientras se hundía en su auto-compasión.
Sentándose en un banco del puerto, Kagura notó que la brisa se estaba enfriando. Acurrucándose buscando calor, sus brazos chocaron con sus crecientes pechos, y se enojó. Aún no eran grandes, pero eran lo bastante molestos como para obstaculizarla al abrazarse. Olvidándose de la gente que pasea a su alrededor, Kagura le dice a sus pechos.
“¡Dejad de crecer! ¡Os juro que si os ponéis más grandes y no puedo correr bien, os haré una reducción, tíos!”
“Así que tus pechos son chicos, ¿eh?”
“No, no son- ¿tú otra vez? ¿No tienes trabajo que hacer o algo?”
Adornado con su uniforme del Shinsengumi, Sougo alzó su barbilla. “Por supuesto. Estoy patrullando.”
“Vale. Ve a patrullar a otra parte.”
“No puedo. Kondo-san asigna cierta calle a cada miembro. Y si me alejo de ahí, acabaré en el mismo lugar de Hijikata, y pisaré accidentalmente una fila de minas que coloqué delante del restaurante de ramen que tanto le gusta, ya que se sienta allí a la misma hora, cada miércoles de cada semana.”
“¿Qué ha pasado con las causas naturales y misteriosas?”
“Será natural si digo que lo ha hecho el líder del Joui.”
“Hmm... Puede ser.”
El estómago de Kagura rugió desvergonzadamente, y ella se apretó más el torso intentando que él no lo notara. En silencio, Sougo comenzaba a pasear en otra dirección.
“¿A dónde vas?”
“Descuida. Tú no eres mi jefe.”
Las mejillas se sonrojaron y gritó, “¡Pues vete al infierno!”
Kagura no se movió del banco. Estaba debatiendo si debía molestarse en volver a casa o no. Seguía enfadada con Gin-chan y Shinpachi, y prefería gastar su cumpleaños fuera.
“Por cierto, ¿qué hora es?”, susurraba antes de que una voz familiar le respondiese.
“Casi medianoche. Toma.”
El rubio mostró unos pinchos de takoyaki delante de ella, evitando la mirada asesina de Kagura.
“¿Están envenenados o qué?”
“Créeme: si, o mejor dicho, cuando quiera matarte, lo haría en combate. El veneno sólo funciona con seres de bajo nivel, como Hijikata. Tú seguro que te comerías el veneno como caramelos, así que no te haría efecto.”
“Buen punto.”, dijo mientras aceptaba a regañadientes los restos de comida del señor. Se los comió rápido y en silencio, temiendo que si decía algo más, él trataría de quitárselos, y tenía hambre. Por mucho que no pudiera aguantarle, la comida es comida, sin importar quién te la entrega... bueno, a excepción de los huevos de ane-go.
Mientras se chupaba los dedos, la chica no estaba apenas satisfecha con unos pocos pinchos, pero la haría aguantar por un rato. Percibiendo esto, Okita comentó “No soy lo suficientemente rico para alimentarte.”
“Tampoco lo es Gin-chan, pero aún así no paso hambre.”
“Por eso siempre estáis en deuda.”
“¡Calla! Se lo pagaré... algún día.”
Permanecieron callados. Kagura balanceaba las piernas mientras Sougo desenvainó su espada y empezó a limpiarla con un pañuelo de su bolsillo. Aburrida y medio maravillada, Kagura le preguntó “¿Puedo mirarla?”
“No.”
“¿Por qué?”
“Porque es mía.”
“Pero me aburro, y hoy es mi cumpl-”
Cortó en seco, y se dio la vuelta. Una incómoda atmósfera crecía entre ellos hasta que Sougo suspiró. Dándole un vistazo a su reloj y devolviendo la espada a su funda, dijo casualmente.
“Debo volver al trabajo. Toma. Esto es de Kondo-san. Ha dicho que es imperativo que las chicas de tu edad reciban cosas bonitas y tiernas, ya que eso hace que dure más vuestra juventud floreciente.”
Le entregó un animal pequeño de juguete que llevaba escondido en el traje. Tratando de salvar su orgullo, remarcó “Y yo detesto el rosa, pero Kondo-san dice que es bueno para las chicas.”
“¿Juventud floreciente? ¿Por qué sigue hablando así de eso? Ese capullo no sabe nada, ¿verdad?”
Sougo estaba a punto de darle la razón, pero se mordió la lengua. Era medianoche. Hoy era oficialmente su cumpleaños. La miraba a los ojos, de algún modo absortos por el reloj gigante de la lejana Terminal. Sabía qué hora era.
Irritada por su expresión desalentadora, Okita se inclinó hacia ella. Sujetándole la barbilla con sus vulgares dedos, rozó los labios con ella antes de que ella gritase.
“¿Qué coñ-”
“Díselo a los demás y te cortaré en pedacitos. Feliz cumpleaños, criatura.”
Ella pestañeó por un momento, poniendo la palma en la mejilla a modo de sorpresa, antes de acercarse más a él y responderle. Le pilló con la guardia baja.
Ja ja. Esto es lo que te mereces por pensar que no me vengaría. No soy un trozo de pastel- errr carne- ah, qué más da.Hundiendo más los labios al acercarse él, percibía en él un olor - ¿bueno? Y sus cabellos. Eran suaves. Además, sus labios eran amables.
Ella se separó, y replicó, “Si le dices a los demás que te he respondido, te daré a Sadaharu como comida.”
Kagura volvía al Yorozuya transtornada. No estaba segura de qué sensación era esa, pero le hacía sentirse mal del estómago. No se le iba la calentura del cuerpo. Quizás la brisa le quitara la fiebre de encima. Deberá hostigar a Gin-chan para que le dé alguna medicina.
Cuando sus pies llegaron a la casa, se encontraba tan cansada que se fue derecha al armario. Quitándose la ropa, modestia aparte, Kagura se subió a su estante de madera para cambiarse.
El breve recuerdo de los labios de Sougo con los suyos parpadeaba en su mente, e intentaba sacársela de encima. Ha sido su primer beso.
Metiéndose con éxito en el armario, soltó una palabrota. Quizás se estaba volviendo muy grande para el armario.
Con un suspiro, se lanzó hacia su almohada y se murmuró a sí misma.
“Feliz cumpleaños para mí.”
En el fondo de su cabeza, otra voz repetía.
“Feliz cumpleaños, criatura.”
¡BUM! ¡CRASH!
“¿Qué cojones?” Kagura empujó la puerta de su “habitación”, frotándose sus atontados ojos.
¡BUM!
“¡Gin-chan! ¿A qué viene tanto ruido?”
No había respuesta, y cuando miró a su alrededor, se dio cuenta de que estaba sola.
“Cabrones...”
Enojada por haber sido despertada rudamente y de que no estaban Gin-chan ni Shinpachi. Hacía equilibrios sobre un pie para vestirse antes de bajar las escaleras de fuera. El ruido se intensificaba, y Kagura preparó sus nudillos con intención de otorgarle a alguien una hemorragia nasal por arruinar su bello descanso. Sus dedos agarraron la puerta del snack antes de abrirla con fuerza.
“¿Qué cojones os pasa-”
“¡Feliz Cumpleaños!”
Las palabras de la chica se dispersaron en el aire. Una pancarta larga y escrita de forma desaliñada, sin duda obra de Gin-chan, colgaba del techo. Todos se encontraban en el bar, en el cual Gin-chan, que ya estaba medio borracho con el madao, le mostró una vaga sonrisa. Shinpachi agitaba un tenedor sobre una tarta.
“¡Gin-chan! ¡Shinpachi! ¡Os habéis acordado!”
“Era difícil de olvidar, con todo el-”
“¡Gin-chan!” Shinpachi le calló.
“Felices dieciséis, Kagura. Y te he dicho que no dejes la ropa por toda la casa. Casi me he tropezado con tu vestido esta mañana.”
“Gin-chan no quería despertarte.”
Explotando de felicidad, Kagura estrujaba a los dos en un abrazo. “¡Sí! ¡Comida! ¿Y os habéis levantado tan pronto por mí? ¡Eso es que de verdad os importo!”
“Puede ser. Bah. ¡Cómete tu maldita tarta, mujer! Hemos comprado dos para que pudieras comerte una tú sola.”
“¡Yuju!”
Kagura se animó, sin importarle no haberse lavado los dientes mientras metía la cabeza en el glaseado de la tarta. Los demás iban cortando la otra tarta antes de que Kagura le hincara el diente, y Shinpachi le miraba.
“Oye, estábamos preocupados por ti anoche. ¿Dónde has estado?”
Entonces Kagura paró de comer, representando para los demás un mal augurio.
“¿K-Kagura?”
Su cara se calentó de nuevo y empezó a abanicarse. “¿Sabes qué? Me han entrado ganas de limpiar ahora mismo.”
Gintoki tragó una gran bocanada de aire. Kagura y limpieza no podían pertenecer a la misma oración. La chica no había limpiado nada en toda su vida, a excepción de su propio cuerpo, e incluso esto podía ser polémico.
Kagura sujetaba el trozo restante de tarta con una mano, mientras con la otra agitaba un plumero por todas partes. Los demás corrieron desesperadamente a la puerta en busca de aire fresco cuando se estaba formando una nube de polvo que les irritaba los ojos.
“¿Qué le pasa a esa? ¡Está muy rara!”
Shinpachi portaba una expresión de horror reconociendo el inusual comportamiento desde el principio. Otae se acercó a ellos con una expresión de saberlo todo, pero no ha podido ofrecer ninguna nueva información.
“¡Gin-chan! Me parece que Kagura está actuando de la misma forma que mi hermana cuando menciono su decimosexto cumpleaños. ¿Qué podemos hacer?”
Temiendo por su salud, Gintoki le agarraba los hombros a Otae. “¡Otae-san! ¿Qué mierda le pasa? ¡Más vale que nos lo cuentes!”
Entonces Otae ladeó la cabeza. Era por Kagura. Era importante que sus guardianes lo supieran.
“C-Creo que está enamorada de alguien. A su edad, yo tuve mi primer bes-”
“¿Beso? ¿CÓMO? ¡Le arrancaré las pelotas! ¡Dejádmelo!”
“¡Gin-chan! ¡Necesitamos una máquina del tiempo y borrarle la memoria! ¡Ese chico, sea quien sea, ha contaminado su mente!”
Mientras, Otae se hundió más en sus recuerdos al mirar a Kagura “limpiando” sin éxito el bar. Enrollándose un mechón en un dedo, murmuraba.
“No le recuerdo porque era un extranjero. La guerra estaba cerca y él vivía en la calle.”
Los dos hombres dejaron de sacudirse para sintonizar esta historia.
“Nunca supe su nombre, pero estaba muy sucio. No sabía siquiera de qué color tenía el pelo. Me encontró llorando porque mi padre estaba en su lecho de muerte, y me sonrió. Me dijo que todo iría bien.”
Los ojos de Gintoki se abrieron de par en par, y el estómago se le volvía muy pesado.
“¿Gin-chan? ¿Qué sucede?” le preguntó Shinpachi, pero él estaba en otro mundo.
Otae continuaba. “Le pregunté “¿Cómo lo sabe?”, y él respondió que lo sabía. Sus ojos decían que había visto cosas peores y tenía aspecto de haberlo perdido todo. Le acerqué un cubo de agua para lavarse la cara. Y me lo pagó con un beso.”
“¡GIN-CHAN!”
Gintoki se aguantaba con la pared al vomitar por el shock. Lo negaba con la cabeza, una y otra vez. Pero ella estaba ahí, mirándole a la cara.
“Otae-san, por un casual, ¿has conocido a este hombre en el puerto cuando los supervivientes de la guerra llegaron en un barco?”
Percatándose finalmente de la condición de Gin, Otae movía la cabeza. “¿Sí?”
Gintoki tragó saliva, y sus ojos se fluían en lágrimas. “¿Eso fue en invierno?”
“Pues sí... Un momento. Gin-san-”
“Había una chica, cuando me bajé del barco que trajo a los heridos del campo de batalla al acabar la guerra. Ella era la primera cosa femenina que veía en meses, y quería tocar cualquier cosa. Y- Y-”
No quería decir nada más, pero ya era tarde. Ahora o nunca.
“Y ella me dio agua para lavarme la cara, porque hacía-”
“demasiado frío como para lavarse el pelo.”, concluyó ella.
La conmoción general se detuvo. Hasta Kagura cesó su empolvamiento descerebrado para apreciar la relación descubierta entre la hermana de Shinpachi y Gin-chan.
“... ¿Gin-san? ¿Sugieres que has sido TÚ quien me dio mi PRIMER beso?” amenazó Otae, con sed de sangre en la voz, mientras le estrangulaba con un collar.
“¡Lo-Lo siento, Otae-san! ¡Lo juro! ¡No tenía ni idea-!”
“¿Así que sólo estabas necesitado de sexo? ¿Intentabas meter mano en las bragas inocentes de mis dieciséis años?”
“¡No! ¡No lo has pillado! Ahora que sé que eras tú, jamás hubiera soñado con tus bragas.”
“...”
“Oh oh...”
“¡Hijo de puta! ¡Has arruinado mis recuerdos de cumpleaños y estaré asustada toda mi vida! ¡TE ODIO!”
Entreteniéndose mirando a ane-go golpeando la pared con la cabeza de Gin, Kagura se acercó a Shinpachi, que se tapaba los oídos traumáticamente.
“¿Estás bien, Shinpachi?”
Llorando a mares, Shinpachi articulaba, “¡Gin-chan! ¡Mi hermana! No me encuentro bien.”
Shinpachi se tapaba la boca con las dos manos, al probar un amargor saliéndole de la garganta. Disgustado, murmuraba miserablemente, “Espero que la persona que hayas besado sea alguien de quien pueda estar orgullos-”
Antes de terminar la frase, un grupo de miembros del Shinsengumi pasaba cerca con coches patrulla. Por la ventanilla de uno de ellos, Kagura captó el reflejo de Sougo, quien demostró con una mueca haber visto a la chica. Por este cruce de miradas, Shinpachi asumió que se había perdido algo. Mientras el coche desaparecía en la calle, Kagura empezaba a balancearse de atrás hacia delante, y sus mejillas se sonrojaban de nuevo.
Cuando fue alcanzado por la comprensión, Shinpachi gritó.
“¡NooOOOoooOoo!”